Voy a empezar “poniéndome ‘alante”, como decimos en buen dominicano. Primero, porque hoy no es domingo, sino lunes, y me había prometido escribir cada domingo en la noche, de manera que mis lectores recibieran mi escrito al inicio de cada semana. Sin embargo, como hoy es día de fiesta, podríamos decir que mañana martes es un lunes “cimarrón”. Por lo menos, - como me diría un amigo que aprecio mucho- ese es el cuento que me funciona.
Segundo, en realidad, durante esta semana fui víctima de mis circunstancias y no planifiqué ningún lugar desconocido al cual visitar. Esperaba poder viajar durante el fin de semana largo a un lugar exótico, como Bahía de las Águilas, las Cuevas de las Maravillas, o –por qué no- a un lujoso resort en Bávaro. Lamentablemente, o quizás afortunadamente (quien sabe), escogí quedarme en la ciudad y avanzar con un montón de trabajo que, francamente hubiese sido imposible lograr si no fuera por estos días de asueto. Otro cuento que me funciona (jiji!). Pero la verdad es que fue una semana perfecta. Mucho trabajo, pero también mucha risa y compartir con amigos y colabores en mi visión de vida. Soy afortunada, pues tengo un trabajo muy divertido. Lamento decepcionar a aquellos de mis lectores que esperaban leer sobre un lugar exótico. Y es que este blog no se trata tanto de los lugares, sino más bien de las experiencias, de descubrimientos y de la gente con las cuales comparto esas experiencias. Es como el show de comedia norteamericano “Seinfeld”, que es un show de nada, es decir, de experiencias que personas comunes viven en la cotidianidad de la vida. Los que disfrutan ese show tanto como yo, sabrán a lo que me refiero. Y detrás de esa simpleza, hay una gran enseñanza: cada momento vivido trae su propia riqueza. Qué pena que no siempre tenemos los ojos abiertos para verlo.
Mientras conducía a casa hace unos minutos, decepcionada de mi misma por no haber cumplido mi promesa de visitar un lugar desconocido cada semana, escuchaba un cd de música de trova y sonó la canción “Yolanda” de Pablo Milanés. Inmediatamente, conecté con un momento al principio de semana que viví con una tía mía, quien adora esa canción y siempre me ataca para que se la cante en todos los eventos familiares. ¡Claro! –pensé, visité mi lugar desconocido esta semana, lo único que no fui yo quien lo planifiqué, pero es un lugar desconocido y sucedió durante la semana, así que aplica. Y reflexioné sobre lo afortunada que soy, pues además de tener un trabajo divertido que me encanta, también cuento con personas en mi vida como mi tía, a quien me referiré en este escrito con un nombre ficticio, pues no tengo autorización de ella para divulgar su nombre y si la llamo a estas horas de la noche, de seguro pasaría de afortunada a desdichada por el merecido boche que me daría.
Esta tía (llamémosla Tía Milly) es todo un personaje. Católica hasta la maceta, o más bien debería decir cristiana, porque conozco pocos católicos practicantes en cuerpo, alma y espíritu como ella, a quien la vida no le concedió hijos, pero en su lugar le dio sobrinos de sangre, pero sobre todo, sobrinos de cariño. Y es que la Tía Milly le ha dado todo un nuevo significado al verbo servir. Su agenda diaria está llena de diligencias de sus seres queridos. Diligencias documentarias, como sacar un pasaporte, la cédula o el carnet del seguro. Ella es como la “tributaria” oficial de la familia. Diligencias bancarias; ella es la tía a las que los familiares y amigos cercanos confían sus finanzas. Pero sobre todo, diligencias médicas. Si tienes un dolor en la uña del dedo meñique del pie izquierdo, sólo tienes que llamar a Tía Milly y ella sabrá a cuál médico visitar, cómo se llama la secretaria del consultorio, a qué hora es mejor ir porque no hay mucha gente, si hay parqueo cómodo o no, y si el doctor recibe por cita o por orden de llegada. Y si no lo sabe, se tomará la molestia de llamar y averiguar hasta el más mínimo detalle. Pero no se queda ahí. Si consultaste con la Tía Milly sobre alguna de estas diligencias, debes saber que caíste en un gancho, porque ella no descansará hasta que hayas concluido el asunto. Con la Tía Milly no hay escapatoria; te caerá atrás como el gas morao’, pues ella te dará seguimiento día tras día y créeme, no lo olvidará. Pero lo mejor de todo es la manera en que lo hace. Te reprochará (no pienses ni por un segundo que no), y te dirá tu verdad en tu cara (a mí me ha dicho tantas y tantas veces que ya hace tiempo que dejaron de ser boches), pero la dulzura y podría decir, el respeto con que lo hace, no te deja otra opción más que ceder, si no para complacerla, al menos para salir de ella, aunque temporalmente, pues sin duda habrá una próxima ocasión en la que necesitarás de sus servicios.
Para una persona como yo, para quien ir al médico es una pérdida de tiempo (no es que piense que eso está bien, por si acaso), y para quien andar sin el carnet del seguro no puede tener mayores consecuencias (claro, hasta que me vea en el apuro), contar con una tía como ésta, es una gran fortuna. Tía Milly viene siendo como la extensión de mi madre en todos aquellos aspectos en los que mi terquedad no me permite recibir la ayuda que con tanto amor se me ofrece. Para todas esas cosas, está la Tía Milly.
A principios de semana, la Tía Milly se levantó tempranito, condujo su carro hasta mi casa para recogerme y llevarme a hacer una de esas diligencias. Ella sabe que si no lo hace así, probablemente pase todo otro año y yo no resuelvo el asunto. Su misión es clara y directa: secuestrarme por unas horas por mi propio bien. Estamos hablando de algo verdaderamente planificado, aunque no lo crean, desde el año pasado. Yo fui una de sus primeras anotaciones en su agenda nuevecita del año 2011. La noche antes me llamó para confirmar la hora exacta en la que estaría recogiéndome. Pero no sólo eso, esa misma noche, o quizás desde hace ya una semana atrás, ella ya sabía cuáles otras diligencias podía hacer junto con la mía que quedaban en camino o cerca. Nada parecido a cuando yo salgo de casa cada mañana, muchas veces con un montón de cosas que hacer, con cero planificación, y dando más de un viaje en balde por haber olvidado en casa los papeles necesarios para la diligencia en cuestión. ¡Cuánto que aprender de la Tía Milly¡
Pero no se crean que estoy hablando de una viejita controladora y aburrida; todo lo contrario. La Tía Milly es divertida y con una chispa que ni los achaques propios de la edad han logrado apagar. Anda con su bastón, pero sólo por si acaso es necesario o conveniente usarlo, bien “pepilla” –como diría mi abuela, con sus tenis cómodos pero a la moda siempre, y con su cartera combinada bien asegurada bajo el brazo. Ella no se permite quedarse atrás por el pasar de los años. Se mantiene actualizada y es la tía más cibernética de la familia, pues todos los días chequea su email y cada semana, por supuesto, mi blog.
Todas las diligencias de esa mañana eran por Gazcue y quizás una que otra de camino. Mi diligencia no fue a un lugar desconocido para mí, pues anteriormente lo había visitado, no por mi cuenta claro, con mi madre. Pero luego que concluyéramos exitosamente, acompañé a mi amorosa secuestradora a otro lugar en donde ella tenía que hacer una diligencia propia: el Colegio Dominicano de Notarios. Abogada de profesión y notario público, “de los del número del Distrito Nacional”, como reza en las coletillas de los notarios al pie de los contratos, mi tía necesitaba hacer una breve parada en aquel lugar, para mi suerte, totalmente desconocido para mí.
El local no tenía nada de particular que no fuera que se trata de una clásica casona en la calle Danae de Gazcue remodelada muy finamente para funcionar como oficinas. En lo que esperaba a mi tía, deambulé por los pasillos y me puse a ver la galería de los anteriores presidentes del colegio. Vi algunos nombres ilustres y conocidos de la vida pública dominicana, pero para mi sorpresa y si mal no recuerdo, sólo dos mujeres han sido presidentes del colegio de notarios. Me extrañó mucho, pues quizás es sólo una percepción mía, pero la mayoría de los notarios que conozco son mujeres. Ni bueno ni malo, sólo digo que me pareció raro. De regreso, mi tía me contó, entre otras cosas, como ella y mi madre se hicieron notarios en el año ____ (mejor me lo reservo para que no me maten), y de lo difícil que es hacerse notario hoy en día. Fue una visita breve y en mucho menos de lo que pensaba ya mi Tía me conducía de vuelta a casa.
Como ven, mi lugar desconocido de esta semana no tuvo nada de especial. Ningún acontecimiento extraordinario, ninguna anécdota jocosa, ni nada por el estilo. El lugar podría decirse que no fue importante, pero sí lo fue lo que me llevó allí, y más que eso, es importante quien me llevó. Muchas veces cometemos el error de reconocer a las personas que nos sirven y que nos brindan amor cuando ya no están, cuando es demasiado tarde, y eso sí es una verdadera terquedad. Hoy yo tengo cédula, carnet del seguro médico, el año pasado me hice todos los exámenes médicos que debía hacerme, y muchas otras cosas más, gracias al cariño y compromiso de mi Tía Milly y a la conspiración que ella y mi madre sostienen para hacer de mi vida una vida mejor. De eso sí vale la pena escribir.
Hasta la próxima semana.
Mi nombre es Katy y comparto esta misma Tía , Nana no hubo mejores palabras para describirla.
ResponderEliminarNo todo el mundo tiene la dicha de tener dos mamas en la tierra y ese es mi caso (tia Milly y Mama)....
Hazme esto, págame esto, búscame esto, ve al banco, etc. Y lo más importante lo hace con MUUUCHIISSIMO GUSTO
Si no la mandamos y no la usamos se molesta
NANA felicidades!!!!! Por tu blog sigue adelante y muchos ánimos
Si necesitas alguna ayuda para ir a algún lugar te puedo acompañar o simplemente llevarte… cuenta con tu prima
BRAVO, BRAVONIIIIII, DESCRIBISTE A LA TIA MILLY AL DEDILLO, AUNQUE NO LLEVO SU SANGRE SIEMPRE LA HE CONSIDERADO MI TIA, PORQUE ASI ME HACE SENTIR, LA ADMIRO MUCHO POR SU EQUILIBRADA FRANQUEZA, SU GENUINA FE Y SU PARTICULAR HUMOR, ADEMAS ES LA MEJOR AMIGA DE MAMI Y SU PANO DE LAGRIMAS , SOPORTE Y CONSEJERA, CREO QUE ES UNO DE LOS SERES HUMANOS MAS VALIOSOS Q CONOZCO, Y BUENO SU HERMANA NO SE QUEDA ATRAS Y SU CUNADITO NI SE DIGA, LA VERDADK SOMOS AFORTUNADAS DE CONTAR CON GENTE TAN ESPECIAL EN NUESTRAS VIDAS
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